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Guardiana de mis sueños

Guardiana de mis sueños

El sonido del móvil me despierta abruptamente del letargo en el que llevaba metida por más de 30 minutos. Lo sé porque Damián se fue a las 8:15 como todas las mañanas y la pantalla del teléfono que me muestra la llamada perdida de mi madre, marca las 8:48. Me pregunto qué pasó en este tiempo, le doy un sorbo al café con leche que me serví antes de sentarme a la mesa, y al mismo tiempo que me doy cuenta de lo frío que ya está, recuerdo porqué entré en ese estado de quietud externa y revolución interna que me tuvo inmóvil por ese tiempo.

Fue el comentario de Damián mientras tomaba su taza de café, que obviamente estaba caliente, en su mundo no se permiten ese tipo de atropellos como que se enfríe el café, no haya una caja de su cereal favorito en la alacena o Dios no permita que algún evento catastrófico como una fiesta infantil, se interponga entre él, la televisión y su partido de fútbol.

-¿Ya vas a empezar a hacerte la víctima de nuevo Cloe? Preguntó cuándo le hablaba de lo sola que me sentía y el deseo de pasar más tiempo juntos.

Me quedé callada. No supe si tenía que contestar a su pregunta y peor aún, no supe por qué me decía eso. Sólo podía escuchar un eco en mi cabeza diciendo “¿Víctima? ¿Víctima?”. Me senté en el comedor con la taza de café, la puse sobre la mesa sin soltarla, mis manos permanecieron abrazándola todo el tiempo como si este pequeño objeto de cerámica verde menta se hubiera convertido en un bastón que me sostenía de la caída que seguía a ese golpe emocional que Damián me había dado antes de salir.

Muchas veces antes había minimizado mis peticiones sobre conectarnos, hacer más cosas solo nosotros dos, planear más viajes o ver más películas policiacas los sábados por la noche. Pero esta vez fue diferente. Hubo algo en su tono de voz que me hizo saber que estaba realmente fastidiado de esto.

¿Qué tan malo es pedirle a mi pareja que esté conmigo? ¿Estará mal que exprese eso que he sentido durante todos estos años? ¿Se supone que yo debería callármelo y vivir mi soledad… sola? ¿Qué se supone que debo hacer con esto que siento?

Y estando ahí, sentada por horas, cuestionándome si de verdad me estaba victimizando, de pronto lo vi todo claro. Tan claro como si hubiera visto la película de mi vida desde la butaca y lo entendí.

Todas esas veces que pedí tiempo con él, era para calmar el dolor que me produce el estar conmigo misma porque no me caigo bien. Todas las veces que le reclamé los mensajes con otras mujeres, sentía el conocido dolor de no creerme a mí misma única y especial. Todas las veces que le rogué que me acompañara a las reuniones con mis amigos de la universidad y se negaba, me recordaba lo poco divertida que yo ya me sentía desde siempre.

Y sí. Me había convertido en la víctima de mis propias heridas sin sanar. Me convertía en víctima cada vez que le exigía que él las sanara por mí y no sucedía.

Escuché el mensaje en el buzón que dejó mi madre y decía: “Nena, sólo quiero decirte que te amo. ¡Te veo esta noche para cenar, te extraño tanto!”

Ese mensaje era justo el aire de seguridad que necesitaba. Y así, tomé la poca dignidad que me regaló el recuerdo de lo que algún día fui y lo metí a una maleta junto con mi cepillo de dientes y unos jeans viejos y salí de ahí. Me fui a convertirme en lo que estaba destinada a ser: una feroz guardiana de mis sueños y hechicera para curar mis heridas abiertas. Damián no volvió a saber de mí.

Comments:

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    Jesus

    septiembre 19, 2018 at 11:18 pm

    Denisse Gracias Por Compartir Tanta y Tanta Informaciom Para Superar Todos Los Conflictos Del Dia a Dia Gracias Dios Te Bendiga.

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